La práctica deportiva en jugadores-as jóvenes es algo más serio de lo que algunos-as consideran. Se trata de formar personas a través de dicha práctica deportiva (por este orden, primero formar personas, después deportistas).
Utilizar el deporte como herramienta educativa y preventiva de una manera correcta para cumplir con los objetivos formativos, tanto en lo deportivo como en lo humano.
Esto significa que todo el personal que rodea a estos-as jóvenes deportistas: directivos-as, entrenadores-as, padres/madres, amigos-as… tienen una responsabilidad enorme. Sus implicaciones pueden ser beneficiosas si se hacen correctamente o ineficaces, incluso perjudiciales, si no se gestionan bien.
En primer lugar, tenemos la familia y su entorno, la relación de los padres/madres debe ser de ayuda (sumen) y no presionen (resten).
La importancia del entorno familiar es fundamental para el joven jugador-a (también a lo largo de su carrera). La familia debe apoyarlo de manera emocional (empatía, refuerzos, estímulos positivos), instrumental (aportando recursos materiales y tiempo) e informativo o evaluativo (proporcionando al chaval-a feedback sobre su ejecución de la práctica que desarrolle).
Los padres/madres son un poderoso modelo de conducta, la familia es el pilar en el cual se sostiene el proceso de formación del jugador-a. Deben ocupar su rol como padres/madres y no roles que les corresponden a otras personas: entrenadores-as, árbitros-as, dirigentes…
Tienen que delegar en los formadores-as y entrenadores-as de sus hijos-as, controlando sus emociones para no influir en su hijo-a. Comprender que los entrenadores-as son los líderes de los proyectos deportivos e interpretar que la victoria o derrota forman parte del proceso.
Tener contacto con los entrenadores-as de una manera organizada y respetuosa para realizar acuerdos con ellos-as, entender sus objetivos y respetar las diferencias. En definitiva, no interferir en su trabajo, sino apoyarlo.
Después viene la típica reflexión: “mi hijo-a vale, lo quiere fichar…” Y yo me pregunto… ¿Es una buena oportunidad para el chaval-a? ¿Debe abandonar el entorno familiar?
Un-a joven deportista está en periodo formativo de los 4 a los 11 años, perfeccionamiento de los 12 a 14 años y rendimiento de los 15 a 18 años. Evidentemente esto no es “lineal” en todos los jugadores-as, porque las características de cada persona y su crecimiento o evolución es diferente.
No hay una edad concreta para establecer cuál es la correcta para que un-a joven deportista salga del entorno familiar. Porque además no todos los chavales-as tienen la mimas características, personalidad, educación, etc.
El periodo formativo supone el primer contacto con una determinada práctica deportiva organizada (equipo), donde contacta con otros “amigos-as”, participa en colectividad, etc. Además, puede ser una etapa donde el jugador-a pueda cambiar de modalidad deportiva porque no le guste la que practica. En algunos casos lo hace “guiado” por los gustos de sus padres/madres. Esta etapa debe ser una experiencia gratificante y no debe convertirse en una tarea impuesta y coactiva.
La fase de perfeccionamiento es una edad muy sensible respecto a la conformación de la personalidad y el asentamiento de valores morales. Hay cambios constantes de personalidad, de inestabilidad emocional. Los jugadores-as pasan a ser más egoístas, critican, protestan, tienen obsesión con el resultado, les cuesta rectificar. Se crean jerarquías, roles. Empiezan a copiar comportamientos, generar modelos.
Si se quiere avanzar con el jugador-a en relación a la edad, es importante empezar a darle responsabilidades. Debe empezar a asumir tareas, horarios, etc.
En la etapa de rendimiento el jugador-a tiene mayor estabilidad, capacidad de autocrítica y concentración. Obtienen un mayor nivel de comprensión del juego, se comunica mejor y entiende lo que es un equipo, la colectividad.
Definidos brevemente estos tres periodos, es evidente que en las dos primeras etapas nadie debiera moverse de su entorno familiar, sus amigos-as, colegio, compañeros-as de clase… Y en la etapa de rendimiento habría que analizar cada caso individualmente. Es preferible que tarde al cambiar de equipo a que se precipite (si el chaval-a tiene facultades, saldrá antes o después, tranquilidad).
Otras dos figuras influyentes en todo este proceso son, como estamos viendo, los entrenadores-as, pero también los-as representantes de los jóvenes jugadores-as.
El entrenador-a es clave. Los clubes deberían contratar a los entrenadores-as adecuados, porque en sus manos se ponen niños-as y adolescentes sobre los que tendrá una enorme influencia. Por tanto, no sirve cualquiera, debe estar preparado-a, que le guste trabajar con chavales-as, que sea una persona positiva, activa, que transmita entusiasmo, que respete a los-as deportistas, sea un ejemplo de comportamiento, sepa comunicarse, tenga conocimientos sobre los conceptos y estrategias y, sobre todo, quiera seguir aprendiendo.
En cuanto a los-as representantes en estas edades, bajo mi punto de vista, es completamente innecesario. El-la representante de un niño-a o adolescente deben ser única y exclusivamente sus padres/madres.
