Hace pocos meses en otra publicación hablaba de la neuroplasticidad: capacidad de cambio, adaptación y aprendizaje que tiene el cerebro. Apuntaba que el cerebro no es un órgano estático, sino al contrario, es un órgano adaptable que cambia cada vez que tenemos una experiencia o un nuevo aprendizaje. Es moldeable, de ahí viene la expresión “plasticidad” cerebral.
Pero no solo nuestro comportamiento cambia la estructura del cerebro mediante la neuroplasticidad, aspectos como simplemente imaginar, pensar o expresar determinados comportamientos también pueden cambiar dicha estructura.
Cuando pensamos o hacemos algo nuevo, creamos una nueva vía neuronal. Y cuando repetimos ese pensamiento o acción, nuestro cerebro utiliza es misma vía, la cual se hace cada vez más fuerte hasta convertirlo en hábito. De esta manera, funcionamos de manera automática sin pensar en acciones como caminar, conducir, comer…
Dichos pensamientos pueden ser sanos y útiles, pero también perjudiciales o autodestructivos, el proceso es el mismo. El cerebro no juzga si los hábitos son buenos o malos. Una vez adaptado, son igual de difíciles de cambiar.
Por eso lo ideal es cambiar la forma de pensar o actuar ante determinadas situaciones. Hacerlo de manera positiva, creando nuevas vías neuronales, utilizarlas para consolidarlas y hacerlas más fuertes. Salir de nuestra burbuja, pensar en otros planteamientos y perspectivas de cómo afrontar determinados temas, abrir nuevas ideas en el cerebro.
Y aquí es donde quiero llegar. Cuando tenemos un problema hay dos alternativas: resolverlo o buscar culpables. En el trabajo, el jefe, mi pareja, la vecina, el árbitro, los niños… ¿Cuántas veces hemos buscado alguna excusa a quien culpar de la situación?
La atribución de culpa puede ser un mecanismo de defensa inconsciente utilizado por las personas para proteger su autoestima y evitar sentimientos de vergüenza, culpa o incompetencia. Al culpar a otra persona, se desplaza el foco de atención y se evita enfrentar las propias responsabilidades.
Cuando algo no sale bien, antes de culpar a otras personas, pensemos en lo que depende de nosotros y nosotras, en nuestros equipos de trabajo, analicemos cuál es nuestra responsabilidad, qué podemos hacer para corregir la desviación, cuál puede ser la solución, cómo lo vamos a realizar. No podemos lamentarnos en intentar corregir acciones o comportamientos que no dependen de nuestras acciones o decisiones.
Problemas y errores siempre vamos a tener. El error forma parte del proceso de aprendizaje, así como de la mejora. Cuando tengamos un problema es conveniente averiguar por qué se ha producido, recopilar la información, analizar los datos y tratar de buscar soluciones con nuevas ideas y planteamientos, abrir nuevas vías positivas en nuestro cerebro.
Asumamos responsabilidades, dejemos de buscar culpables y busquemos soluciones.
