FALTA DE CONFIANZA

Domingo  /  19 de Mayo, 2024

Cuando cada día vemos ciertas informaciones de tipo social, político o institucional no es difícil pensar que no nos creemos nada de lo que nos cuentan, generando entre todas nosotras y nosotros desconfianza. 

Esta circunstancia no solamente se produce escuchando o leyendo noticias, nos ocurre lo mismo en nuestras relaciones. Si alguna persona cercana (nuestra jefa, presidente, directora general, gerente…) vulnera nuestra confianza, sentimos un duro golpe en nuestro estado emocional.

Esta sensación de desconfianza no nos beneficia a las personas y además provoca, entre otras cosas, un aumento del estrés. No poder confiar en quienes nos dirigen o nos rodean, y tampoco en las informaciones que recibimos, nos introduce en una constante incertidumbre e incomodidad.

Dentro de la necesidad de cultivar y practicar la confianza, voy a detenerme en lo importante que es esta característica cuando se trabaja en equipo. Porque todos son equipos: políticos, empresariales, deportivos, sanitarios…

Quienes trabajamos en equipo sabemos lo importante que es la confianza para que funcionemos con un alto nivel de desempeño. Es la base de todo equipo. Nos permite concentrar la energía y atención en la superación y desafío del proyecto que nos une, alejado de los egos de poder. Si por el contrario un equipo carece de confianza, se utilizará mucho tiempo en gestionar las interrelaciones personales, perjudicando el avance del proyecto.

La confianza no se construye de la noche a la mañana. El o la líder (gerente, jefa, presidente, directora…) tiene que empezar su gestión con el ejemplo. Para ganarse la confianza del equipo es preciso trabajar la confianza consigo mismo-a. Necesita proyectar confianza, fortaleza, mostrar que sabe lo que está haciendo, que es competente. 

Para lo cual debe controlar algunas nociones de su personalidad: autoconcepto, autoestima, autocrítica, autoeficiencia y autodisciplina. También deberá dominar diferentes competencias como son la profesional y sus capacidades para el desarrollo de la misión, consciencia del otro-a la cual se traduce en respeto, claridad y verdad en el mensaje, cumplimiento de su palabra, coherencia entre lo que dice y hace, consistencia ejerciendo sus valores, al igual que atrevimiento, coraje.

La persona que nos lidere debe tener credibilidad, autoridad y preparación adecuada. Porque en toda esta situación, el elemento más determinante es la confianza. La cual hay que ganársela.

Si por el contrario quien nos lidera tiene problemas de autoestima, vemos que nos engaña, dudamos de sus capacidades, se contradice, no comunica bien, se impone en sus decisiones sin convencer, etc. Tenemos un serio problema.

Llegados a este escenario, me lleva a recordar el libro “La sabiduría de vivir” de José Mª Toro Alés, quien señalaba en el citado libro que las hojas no se caen, se sueltan. 

“Cada hoja que se suelta es una invitación a nuestra predisposición al desprendimiento. Las hojas no caen, se desprenden en un gesto supremo de generosidad y profunda sabiduría: la hoja que no se aferra a la rama y se lanza al vacío del aire sabe del latido profundo de una vida que está siempre en movimiento y en actitud de renovación”.

¿Cuántos-as dirigentes o líderes actúan así con su equipo? ¿Se apartan si el equipo y la confianza no funcionan?