Independientemente del tipo de organización, las personas tienden a enfocarse más en sus derechos que en sus responsabilidades. Pensar en nuestros derechos no es incorrecto, especialmente considerando los abusos que aún ocurren en algunos entornos laborales. Sin embargo, esta realidad no nos exime de asumir y desempeñar nuestras responsabilidades dentro de nuestros puestos de trabajo.
La responsabilidad no recae exclusivamente en los-as líderes, gerentes o entrenadores-as, por citar algunos ejemplos, es un compromiso compartido por todas y todos los miembros del equipo. No importa si se trata de una empresa privada, un organismo público o un equipo deportivo, la responsabilidad es colectiva.
Evidentemente, el nivel de responsabilidad varía según la jerarquía, pero no debemos caer en frases como: “No lo sé, pregúntale a mi jefe, yo solo sigo órdenes” o “A mí no me pagan por pensar”. Estas expresiones reflejan falta de compromiso y desinterés por la tarea asignada.
Todas las personas debemos esforzarnos por comprender y asumir nuestras responsabilidades dentro de la organización. Al hacerlo, mejoramos el ambiente de trabajo, los resultados y, en consecuencia, nuestra satisfacción y bienestar diario.
Para asumir responsabilidades, es fundamental generar ilusión por lo que hacemos. La ilusión nos lleva al compromiso, y este es la clave para aceptar la responsabilidad. Sin ilusión no hay compromiso, y sin compromiso no hay responsabilidad.
El compromiso implica una obligación con algo o alguien. Es la disposición de una persona para cumplir con un acuerdo, promesa o tarea. Su solidez depende del desafío que representa el proyecto y de la credibilidad de quienes lo integran.
El compromiso se sostiene en cuatro pilares fundamentales:
- Energía física: La falta de compromiso suele estar relacionada con el agotamiento.
- Energía mental: Mantener el foco en los objetivos del proyecto es esencial.
- Energía emocional: Un estado emocional bajo o negativo dificulta el compromiso.
- Valores: Cuando los valores personales chocan con los de la organización, el compromiso se debilita.
Si no disfrutamos de nuestras tareas, no nos sentimos conectados-as con el proyecto ni con nuestros compañeros-as y carecemos de cierto grado de autonomía, el compromiso y la implicación se verán comprometidos. En consecuencia, será difícil asumir responsabilidades de manera natural.
Las personas que realmente asumen responsabilidades tienen ciertas características en común:
- Terminan lo que comienzan, demostrando perseverancia.
- Se muestran dispuestas a hacer lo necesario para cumplir con los objetivos de la organización, siempre dentro de su nivel de jerarquía y responsabilidad.
- Están altamente motivadas, encuentran retos que las impulsan a la excelencia y logran incluso reducir el estrés.
- Son productivas, y su compromiso se traduce en un trabajo bien hecho.
Todos y todas tenemos responsabilidades en diferentes niveles. La suma y la interacción de estas responsabilidades nos posicionan mejor, tanto a nivel personal como organizacional. Si deseas fortalecer tu sentido de la responsabilidad, en el próximo reto que enfrentes, mantén tu mente activa, corrige lo que no funcione y busca mejores herramientas para alcanzar tus objetivos. Afronta los desafíos con responsabilidad y no les des la espalda.
