El 19 de abril de 1967 la atleta estadounidense Katherine Virginia Switzer cambió la historia del deporte al burlar la prohibición de participación (se inscribió como KV Switzer), a pesar del boicot de los organizadores que impedían a las mujeres competir en un maratón, en este caso en el maratón de Boston, el más antiguo del mundo. El tiempo utilizado en realizar dicha prueba fue lo de menos, el objetivo era demostrar que una mujer, con el dorsal 261, era capaz de participar y terminar la carrera.
Desde entonces, la presencia de deportistas femeninas ha ido creciendo en todas sus modalidades. También ha incrementado el número de aficionados-as que acuden a los recintos deportivos a disfrutar de las competiciones. Recientemente hemos visto campos de futbol (Wanda Metropolitano, San Mamés, Anoeta, El Sadar…) con las gradas completas animando a los equipos de féminas.
Los patrocinadores poco a poco se van instalando en el deporte femenino, no solo en tenis y golf, sino que los vamos viendo en otras prácticas como el baloncesto, fútbol, etc. Fruto de todo esto, los medios de comunicación también están ejerciendo un papel fundamental, dando más cobertura a la mujer en el deporte.
La industria deportiva no se queda atrás. El pasado mes de marzo, Women and Sport, publicaba una entrevista a Lisa Parfitt, directora general de la agencia de marketing deportivo Engine Sport, antes conocida como Synergy Sport, donde hablaba sobre los cambios positivos que ha hecho Engine para mejorar la igualdad de género y los desafíos que aún existen en la industria. Señalando que el 30% de la cuota de género que trajo UK Sport como parte del nuevo Código para la Gobernabilidad de los Deportes en las islas británicas no era suficiente. Comentaba que las mujeres debían alcanzar el 50%.
Además, la Agenda 2030 para Desarrollo Sostenible, iniciativa impulsada por Naciones Unidas en 2015, ha establecido la hoja de ruta para alcanzar la igualdad de género para 2030. La Agenda reconoce explícitamente que el deporte es un facilitador importante para el desarrollo y el empoderamiento de las mujeres.
Evidentemente tenemos un avance en el tema, pero estamos muy lejos de lo que debe ser. Cito algún ejemplo sobre esta distancia. La retribución total para la última Copa Mundial de Fútbol Femenino fue de 15 millones de dólares estadounidenses, comparados con los 576 millones de dólares de la última Copa Mundial de Fútbol Masculino. La representación de mujeres como miembros-as activos del Comité Olímpico Internacional (COI) y componentes de la Junta Ejecutiva asciende al 25%, el resto son hombres. Fifpro (Federación Internacional de Futbolistas Profesionales) reflejaba en uno de sus últimos informes sobre las condiciones laborables del fútbol femenino que el 87% de las mujeres dejaban el fútbol a una temprana edad por la imposibilidad de mantenerse. Dicho informe señalaba que el 35% de las futbolistas no reciben remuneración por jugar con su selección.
Las diferencias entre el deporte masculino y femenino en patrocinios, televisión, derechos federativos, salarios…es muy grande, al igual que en su gestión y representación. Y, aunque es notorio que el deporte femenino va creciendo, debemos seguir trabajando entre todos-as con el ánimo de reducir la brecha entre hombres y mujeres. Todos-as estamos obligados-as a trabajar por la igualdad, el deporte no es ajeno a ello.
