PENSAMIENTO VERTICAL Y LATERAL

Domingo  /  15 de Junio, 2025

Independientemente de la organización en la que trabajemos, casi todas las personas, en algún momento, nos hemos enfrentado a un problema que parece imposible de resolver. Nos sentimos bloqueadas… hasta que, de repente, surge una solución sorprendentemente sencilla. Entonces nos preguntamos: ¿por qué no se me ocurrió antes?

Este tipo de situaciones suele estar relacionado con el uso del pensamiento lateral, que aparece justo cuando el pensamiento vertical, nuestro enfoque más común, se muestra insuficiente.

El pensamiento vertical, también llamado pensamiento lógico, es el más arraigado en nuestra sociedad. Desde nuestra educación inicial, se nos entrena para pensar de manera lineal, estructurada y basada en conocimientos previos. Es el tipo de razonamiento que aplicamos, por ejemplo, en las matemáticas o la resolución de problemas técnicos, seguimos reglas, fórmulas y pasos predeterminados para llegar a una solución concreta.

Este pensamiento se caracteriza por ser analítico, sistemático y eficaz para resolver problemas de forma ordenada y metódica. Sin embargo, no siempre es suficiente.

El pensamiento lateral, en cambio, implica romper esquemas. Se basa en la creatividad, la intuición y la capacidad de ver las cosas desde ángulos distintos. Nos permite generar ideas novedosas y originales, resultando especialmente útil cuando los métodos tradicionales no ofrecen soluciones.

En la sociedad actual, marcada por un ritmo vertiginoso y un desarrollo tecnológico acelerado, solemos depender del pensamiento vertical. Es un modelo útil, pero también limitado cuando enfrentamos desafíos nuevos o inciertos. En estos momentos, necesitamos activar nuestra creatividad, salir de lo conocido y explorar caminos alternativos. Es ahí donde el pensamiento lateral cobra valor.

Hace algunas semanas participé en un proyecto en el que una de las actividades propuestas era la realización de un brainstorming (del inglés brain, “cerebro”, y storm, “tormenta”), conocido en español como lluvia o tormenta de ideas.

Esta técnica grupal busca generar ideas originales y variadas alrededor de un tema específico, sin juzgar ni descartar ninguna propuesta, por más extravagante que parezca. Su objetivo es que, a partir de la diversidad de pensamientos, se obtengan propuestas innovadoras que puedan enriquecer el proyecto.

En la primera sesión, sin embargo, los resultados no fueron los esperados. El grupo estaba formado por personas que ya venían trabajando en el proyecto bajo un esquema de pensamiento muy estructurado. La creatividad no fluía.

Decidimos repetir la sesión, esta vez incorporando a personas nuevas, ajenas al proyecto hasta ese momento. El resultado fue muy distinto, comenzaron a surgir ideas frescas, inesperadas. Estas personas no estaban condicionadas por un pensamiento rígido, y su enfoque más libre y lateral impulsó la innovación del grupo.

Este es solo un ejemplo, pero hay muchos otros. La lección es clara, el pensamiento lateral permite introducir perspicacia, creatividad e ingenio en la resolución de problemas. No se trata de sustituir al pensamiento vertical, sino de complementarlo. Ambos son necesarios y, cuando se integran de forma equilibrada, se potencian mutuamente.