CREE EN TI

Domingo  /  31 de Mayo, 2020

Los seres humanos vivimos inmersos en una constante competición. Bajo el tan utilizado “quiero lo mejor para mi hijo-a” anulamos muchas veces esa guía de aprendizaje a utilizar en la formación de personas. En los estudios: una por una estudia… si no estudias no serás nada en la vida… olvídate de todo y céntrate en los estudios… En la práctica deportiva: haz caso a tu padre que es quién quiere lo mejor para ti… tienes que ser el mejor sobre el campo… el máximo goleador… En lugar de preparar personas para su crecimiento, que puedan desarrollarse, tomar decisiones, relacionarse de forma adecuada… A veces tengo la sensación de formar robots humanos.

Teniendo en cuenta que por naturaleza somos animales de costumbres, nos cuesta un verdadero esfuerzo salir de nuestra zona de confort. Nos sentimos cómodos-as maniobrando en temas sobre los que nos hemos especializado, como si jugáramos con rivales inferiores, pero, por lo general, no sabemos hacerlo cuando nos introducimos en mundos que no son de nuestro dominio. Salir de nuestra franja de bienestar debiera ser un reto, un objetivo, un proceso de aprendizaje, de errar, análisis y valoraciones, en definitiva, de crecimiento.

En muchas ocasiones, no cumplir con el estatus que mis progenitores esperan de mí, supone que nos introduzcamos en un círculo de incertidumbre, dudas, incomodidad y desconfianza en nosotros-as mismos. No estamos formados para fallar, entender el error como parte del aprendizaje, pensar y optar por caminos diferentes a los que nuestros padres han diseñado para nosotros-as. Empezamos a flirtear con la autoestima, esos pensamientos y conductas que hacen que cada persona nos sintamos valorada y querida por nosotros-as mismos, unido al pensamiento de que el resto de personas tampoco nos valoran en su justa medida, optamos por perder la confianza en nosotros-as y nuestras capacidades. Dudamos de nuestras posibilidades.

Por otro lado, aparecen las creencias limitantes, las cuales nos alejan a la hora de conseguir nuestro objetivo. Más bien al contrario, nos bloquean, sintiéndonos inútiles para crear nuestro propio camino. Evidentemente dichas creencias están relacionadas con las experiencias que hemos vivido y nos han inculcado de pequeños-as (las creencias se generan sobre los 7 años) sin saber muy bien como liberarnos de ellas. Si de pequeño-a nos decían que éramos vagos-as, posiblemente sigamos pensando que lo somos, aunque seguramente no lo seamos o lo fuimos en otra época.

Tenemos que enfocar las cosas con alegría, pensando en disfrutar, la vida es una constante noria de aprendizaje y experiencias, en ocasiones nos ubicaremos en un polo y otras en el contrario. Cada uno de nosotros-as somos genuinos-as, con nuestros valores y creencias, ni mejores ni peores, simplemente diferentes, donde la combinación de perfiles y conocimientos nos harán llegar a metas mucho más satisfactorias. Para ello, lo primero es aceptarnos como somos, creer en nosotros-as mismos. Posteriormente ser positivos-as, no dejemos de aprender y crecer, entender el error como parte natural de nuestro desarrollo, abandonar nuestro “yo” negativo interior que nos boicotea, convertir una debilidad en fortaleza con creatividad. No gastar energías ni recursos en temas que no son de nuestra competencia o no dependen de nosotros-as, establezcamos metas desafiantes y alcanzables, estemos abiertos-as a nuevos enfoques o aportaciones, a que nos corrijan, no nos comparemos con nadie, practicar el optimismo y recompensarnos.

¿Lo intentamos?