La práctica del deporte juega un papel fundamental en el desarrollo de los niños-as. Cada año comienza una nueva temporada deportiva y muchos de estos niños-as se inician en la práctica de algún deporte, bien sea de ámbito escolar o federado. Los motivos y elección de la práctica a realizar puede ser diversa, unos escogerán una modalidad de equipo por preferencia, porque juegan sus amigos-as o quieren formar parte de un determinado club. Otros prefieren un deporte individual porque les gusta o se sienten más cómodos, e incluso haya quien elija una determinada disciplina por consejo de su maestro, entrenador o los propios padres. La decisión de elección del deporte a practicar es importante, puesto que el verdadero protagonista es él-ella y, como tal, debieran tener libre elección.
Los beneficios que les aporta están fuera de toda duda, crea hábitos saludables (ayuda a prevenir el sobrepeso y la obesidad), estimula la higiene, previene el exceso de tiempo dedicado a alternativas lúdicas sedentarias y pasivas (TV, ordenador…), fomenta la socialización, respeto a las normas, el sentido de pertenencia (a un club, equipo…), favorece la relajación, recompensa el esfuerzo a medio y largo plazo, aprenden a conseguir objetivos, ocio (se divierten), mejora la autoestima al sentirse realizados practicando lo que les gusta, liberan endorfinas, aumenta el movimiento coordinado, enseña a tener ciertas responsabilidades (horarios, constancia…)
Pero no sólo los niños-as van a ser los únicos protagonistas. Los padres también ocupan un papel destacado, su actitud y comportamientos serán relevantes tanto dentro como fuera del recinto deportivo. Dependiendo de lo que hagan, entorpecerán o favorecerán el proceso de aprendizaje y desarrollo de sus hijos-as, primero como persona, después como deportista. Facilitar al niño-a una experiencia positiva a través del deporte es uno de los principales objetivos que los padres deben plantearse.
El comportamiento de los padres cuando sus hijos-as practican deporte ejerce una gran influencia en ellos-as, puesto que están en fase de desarrollo. La utilización de algunas expresiones, gritos o cambios de ánimo en función de los resultados suponen una alteración del equilibrio emocional de los niños-as. Es importante que los padres tomen conciencia de su rol en la práctica deportiva de sus hijos-as y se impliquen en potenciarlo positivamente.
Algunas de las medidas que los padres deberían adoptar para favorecer dicho proceso de sus hijos-as son las siguientes:
• Aportar equilibrio emocional a los hijos-as (sobre todo si son menores).
• Escucharles (dejemos que nos hablen, que se expresen…)
• Animarles a tomar decisiones (aunque se pueda sugerir, no imponer).
• Hablar (establecer una relación de confianza).
• Capacidad de ceder el niño-a a su entrenador (saber delegar, sin interrupciones ni mensajes contradictorios).
• Su presencia en los entrenamientos y partidos debe ser discreta.
• Asumir los propios errores y limitaciones como padres.
• Aceptar los logros deportivos de su hijo-a (reconocer los aciertos por encima de los errores sin entrar en comparaciones).
• Ayudar a su hijo-a a manejar la frustración (visualizar el lado positivo, educarles para la victoria, pero también la derrota).
• Mostrar autocontrol (los padres son modelos a los que el niño-a imita).
• Dedicar tiempo al niño-a (mostrar interés por lo que hace).
• Cumplir con lo que se le ha prometido.
La responsabilidad de los padres no es sencilla, pero sí importante, por ello deben procurar ser para el niño-a un modelo relevante en el que poder fijarse, asumiendo que el protagonista es el hijo-a, no ellos. Acompañar al niño-a de manera adecuada ante las frustraciones y momentos complicados en esta etapa resulta determinante para favorecer el desarrollo y aprendizaje como persona y deportista.
