EL ARTE DE ESCUCHAR

Domingo  /  28 de Febrero, 2021

Un dicho popular señala que los humanos-as tenemos dos oídos y una boca para que podamos escuchar el doble de lo que hablamos (algunos lo asignan al filósofo griego Epicteto). Sin embargo, saber escuchar es una de las habilidades más complicadas, incluso en personas que se consideran buenos comunicadores-as.

Escuchar es la acción más importante de la comunicación y, seguramente, la característica que menos dominemos. Porque no es lo mismo oír que escuchar. Cuando escuchamos lo hacemos intencionadamente, mientras que cuando oímos lo hacemos independientemente de nuestra voluntad. Podemos oír sin querer, pero es imposible escuchar sin pretender hacerlo, porque cuando escuchamos lo hacemos con una intención, con una finalidad, con un interés. Requiere de nuestra atención para entender y retener lo que la otra persona está contando. Entender su diálogo, vivir su experiencia a través de sus palabras, de su mirada, hacerse cargo de lo que nos están diciendo. En definitiva, escuchar es una cuestión de actitud y predisposición.

Daniel Goleman (psicólogo, escritor y periodista científico estadounidense) define la escucha activa en su libro Inteligencia Social del siguiente modo: “La escucha verdadera, me obliga a sintonizar con sus sentimientos, permitiéndole expresar lo que tenga que decir, de un modo tal que la conversación sigue el rumbo que ambos decidimos. Y cuando este tipo de escucha se da en ambas direcciones, se establece un auténtico diálogo en el que los participantes adaptan sus comentarios a lo que el otro siente y dice”.

El mundo del deporte no es ajeno a este aspecto tan importante de la comunicación. Directivos-as, entrenadores-as, monitores-as… sienten la necesidad de hablar para informar, transmitir, elogiar, corregir, mediar, solucionar… diferentes cuestiones. Pero en ocasiones se nos olvida que comunicar es un acto bidireccional, en el que la escucha interpreta un papel protagonista.

El punto de partida de una comunicación eficaz está en la escucha. ¿Cómo podemos conseguir una escucha activa?

• Mirando a la persona interlocutora y dar muestras de que se le escucha (asentir con la cabeza…)

• Formular preguntas dejando tiempo al interlocutor-a para que piense y responda.

• No expresar inicialmente el acuerdo/desacuerdo, simplemente que se comprende.

• No interrumpir.

• No mantener conversaciones con terceros-as.

• Repetir y reformular lo dicho por el interlocutor-a (en reuniones…)

• Mantener el contacto ocular dirigiendo el cuerpo hacia la otra persona.

• No dar consejos sin preguntar si desea escucharlos.

• Empatizar con los-as demás (en sus emociones, traumas, sentimientos).

Y… ¿Cómo conseguir que nos escuchen al hablar? Utilicemos la sonrisa, la claridad en el mensaje, aportando valor con ideas, siendo auténticos-as, manejando el tono de voz, la velocidad a la que hablemos, poniendo énfasis en determinados momentos del mensaje y trasmitiendo ilusión.

Como señalaba el científico y novelista alemán, Goethe… “hablar es una necesidad, escuchar es un arte”.