EL ESPEJO ENGAÑA

Domingo  /  11 de Abril, 2021

Tener retos, metas, objetivos, es una experiencia muy beneficiosa para nuestra mente. Los objetivos son nuestra principal fuente de motivación, es la visión hacia la que enfocamos nuestro esfuerzo y nos dirigimos con entusiasmo. Cuanto más detallados sean dichos objetivos, más energía destinaremos a ellos. 

La mente inconsciente nunca deja de procesar información. Para que pueda funcionar con eficacia es importante desarrollar una percepción previa de los resultados que pretendemos alcanzar. Cuando la mente tiene un objetivo definido, puede enfocarse, dirigirse, volver a enfocarse y redirigirse hasta llegar a él. Si no tenemos el objetivo definido, esa energía se desperdicia en todas las direcciones.

En el ámbito deportivo, cuando un-a deportista tiene claramente definido el objetivo, puede centrar toda su atención en la tarea y de esta manera alcanzar el nivel más alto de motivación y de satisfacción, la fluencia, en el que el-la deportista está desarrollando el máximo de sus capacidades.

En el deporte de formación, debemos tener mucho cuidado con la configuración de la meta, del objetivo. No es la primera vez que un-a joven deportista está influenciado por sus ídolos “yo quiero ser como Messi” y a su vez alimentado por su entorno familiar, incluso en algunas ocasiones por sus representantes. Se les traslada falsas expectativas, las cuales suponen una pesada losa para el chaval-a en todo su recorrido, en lugar de disfrutarlo.

En el deporte nos encontramos dos tipos de metas: de resultado (algunos-as la denominan de “de ego”) y las de proceso.

• METAS DE RESULTADO: Es el destino final. Ajustas medidas de comparación con otros competidores-as, la concentración se centra en hacerlo mejor que ellos-as, el éxito aquí consiste en superar a otros-as. 

Es cierto que, cuando el objetivo es un resultado externo, el objetivo deja de estar centrado en la actividad en sí misma. La atención se divide entre la actividad y el deseo de un resultado externo, como consecuencia queda menos energía psíquica para realizar la actividad. 

• METAS DE PROCESO: Es el viaje, cómo vas a llegar al destino final. Aquí el-la deportista se plantea mejorar algún aspecto de su propia actividad sin importar la comparación de sus resultados con los de otros competidores-as. 

La meta en este caso es superar sus propios límites personales. Estas metas específicas y guiadas hacia la tarea, dan indicaciones a la acción. Se dirige hacia la actividad misma que estás realizando. Te coloca en el momento presente, lo que ayuda a focalizar tu atención, aspecto fundamental para mantener la motivación y alcanzar la fluencia. 

Del mismo modo, centrarte en metas de tarea (proceso) te permite disfrutar todavía más de lo que estás haciendo. Siempre pueden generar oportunidades de mejora estableciendo nuevos desafíos que se sitúan justo por encima del nivel actual del (la) deportista. El propósito aquí es superarte a ti mismo-a, mejorar, avanzar.

Evidentemente, para que una META esté bien definida y funcione como canalizador y motor de nuestros esfuerzos ha de ser SMART:

• Specific (Específica)

• Measurable (Medible)

• Attainable/Agreed (Alcanzable/Acordada)

• Realistic (Realista)

• Time phased (Planeada por etapas)

Proponerse alcanzar un objetivo debe convertirse en un reto desafiante pero alcanzable, no exento, posiblemente, de altibajos, pero realista. No podemos poner a nuestros hijos-as ante un espejo (famoso-a…) donde mirarse equivocadamente, porque sencillamente los estaremos engañando, provocando una enorme frustración. 

Trabajemos y disfrutemos de ese viaje que nos proporciona el proceso, cuanto mejor lo desarrollemos, más posibilidades tendremos de alcanzar el resultado, sabiendo que este no depende solamente de nosotros-as.