Cada año por estas fechas aparecen en nuestro pensamiento distintos retos y cambios a realizar en nuestra vida, aquello de “año nuevo, vida nueva”, todo un clásico. Ir al gimnasio, estudiar un idioma, realizar un curso, desarrollar alguna actividad cultural… son algunas de las ideas que nuestra mente contempla. Empezamos muy motivados-as, pero muchas veces ni tan siquiera conseguimos iniciarlas y en pocas ocasiones terminamos completando el curso o actividad elegida: no tengo tiempo, la rutina, cansancio, imprevistos… suponen que abandonemos antes de tiempo los nuevos hábitos.
Para no repetir este año los mismos errores y volvamos a frustrarnos nuevamente, conviene tener en consideración algunos aspectos. Sería aconsejable plantear los retos del nuevo año desde una perspectiva: ser feliz. ¿Qué hacer, cambiar, modificar o mejorar para conseguir disfrutar de lo que hago y, en consecuencia, estar mejor conmigo mismo-a?
Antes de iniciar un nuevo año, sugeriría realizar un balance del que termina. Es recomendable empezar por los momentos difíciles, malas noticias recibidas, situaciones negativas, circunstancias que nos hubieran gustado que fueran distintas, qué se ha echado en falta… Posteriormente pasar a los momentos inolvidables, de risas, de apoyo, aprendizajes, descubrimientos (personas, situaciones, facetas personales) incluso de aquellas situaciones complicadas o vividas como negativas que posteriormente nos sirvió de experiencia. Para terminar la valoración agradeciendo al año por lo que hemos podido crecer, aprender, tomar conciencia… Una vez analizado el año, propongo realizarnos las siguientes preguntas: ¿Estoy dónde quiero estar? ¿En qué momento de mi vida estoy? ¿Qué me gustaría cambiar? ¿Cuál es el paso que siento o quiero dar en este año nuevo que comienza? ¿Qué le pido al 2019? Nos aportarán elementos para definir los retos del nuevo año.
Es importante definir los objetivos con tiempo, bien pensados, sin que ello suponga una carga que incluso nos haga rozar el estrés, no debemos tomarlos como una obligación, sino como una oportunidad. Establecer objetivos realistas, coherentes con nosotros-as, Medible, Específico, Tangible y Alcanzable (META). Que dependan solo de ti, nunca de la voluntad de otros-as. Pensemos en su planificación concretando qué necesitamos para alcanzarlo, es una forma práctica de maximizar las probabilidades de conseguirlos, estar plenamente convencidos-as de por qué (motivo), cómo (recursos), cuándo (tiempo, fechas) y dónde (lugar) lo queremos hacer. Tengamos paciencia, un cambio no es algo sencillo, lo conseguiremos con perseverancia y disciplina. Seguro que fallamos, que cometemos errores, que algún día no podremos, pero confiemos en nosotros-as y retomemos el camino manteniendo una buena motivación y actitud positiva. Revisándolos de forma periódica para verificar su cumplimiento y/o modificar algún aspecto de mejora o desviación. Pregúntate: ¿Sigo deseando este objetivo? ¿Lo estoy consiguiendo? Si no lo estoy consiguiendo, ¿qué tengo que cambiar? Al revisar nuestros objetivos aparecerán barreras, que son la cara opuesta de los recursos, aquello que nos está impidiendo lograr el objetivo. Prémiate cada cierto tiempo e incluso apóyate si lo consideras en alguna persona que te ayude o aconseje, porque puedes tener algún bajón y te servirá como punto de apoyo para facilitarte el proceso. Y por supuesto, lo más importante: disfruta. Disfrutar del orgullo y la satisfacción de cumplir los objetivos, de sentirse mejor con uno mismo-a y avanzar por ser un poco más feliz.
Recuerda, todo es posible si tú crees que es posible. ¡Ánimo, este año puede ser diferente!
