En junio del año pasado escribía en este mismo BLOG sobre “Liderazgo Efectivo”. En dicho texto explicaba qué requerimientos necesita un-a líder, cuáles son sus principales funciones, cómo se consigue el liderazgo, etc.
Dentro de los diferentes registros que un-a líder debe dominar para conseguir liderar, como por ejemplo (hay muchos más):
- Logrando los objetivos/resultados propuestos.
- Marcando el camino al equipo en todo momento.
- Estableciendo prioridades que nos lleven al objetivo.
- Teniendo competencia profesional, dominando el tema a trabajar.
- Sabiendo estimular y motivar en la tarea al equipo.
- Detectando cambios y nuevas oportunidades de mejora.
- Estando próximos-as y accesibles al personal.
- Comunicando correctamente, escuchando y convenciendo.
- Capacidad de servicio y potenciando la labor de equipo…
Hay uno en concreto que a mí me parece necesario y pocas veces lo tenemos en cuenta, es la coherencia.
Si partimos de la acertada teoría de que un-a líder es la persona capaz de ilusionar, movilizar y comprometer a sus seguidores-as (por adhesión, no por obligación) en la realización de un proyecto de cambio. Y que este-a líder para poder serlo debe tener proyecto (empresarial, deportivo…); los seguidores-as que señalamos (empleados-as, deportistas, jugadores…); durante un tiempo determinado (un año, un curso, una temporada); llegamos a la conclusión de que un-a líder es quien guía y dirige a sus “seguidores-as”.
Cuando guiamos, dirigimos y en definitiva lideramos, tenemos que hacerlo con ejemplaridad. Nosotros-as nos convertimos en el escaparate de todo cuanto transmitimos, y aprenden, nuestros equipos. Somos la referencia, el modelo de conducta a seguir. No sirve aquello de… “haz lo que digo, pero no lo que hago…” Todo lo que exijamos al equipo, tenemos que ser capaces de reproducirlo y hacerlo primero nosotros-as. Solo puede existir una dirección entre lo que sentimos/pensamos, decimos/transmitimos y hacemos, liderar con coherencia.
Necesitamos líderes que se comporten como tal, más allá de dicha “etiqueta”, que sean ejemplo de coherencia e integridad, con discursos consistentes, aquellos que mantienen armonía entre lo que piensan, lo que dicen y lo que hacen. Demostremos veracidad, dar un paso al frente, evolucionar hacia la coherencia entre lo que predicamos y lo que hacemos.
Liderar desde la autenticidad y la coherencia, el (la) líder que se ve a sí mismo-a y que ve a los-as demás. Que prioriza su voluntad de servicio a su necesidad de ego e individualismo, prevaleciendo el desarrollo y crecimiento del equipo por encima del reconocimiento personal e individual.
Liderar con el ejemplo es un reto diario para las personas que de una u otra forma inspiramos a otras para conseguir los resultados. Muchas veces no son las palabras las que hablan de nosotros-as, son nuestros hechos y nuestras acciones, debemos medir con la misma vara que somos medidos-as, debemos actuar de acuerdo a nuestros principios y mantener el equilibrio y la equidad en nuestras acciones.
El liderazgo no tiene capacidad efectiva si no es coherente. Si el discurso de un-a líder, independientemente del sector donde se mueva (entrenador-a, jefe-a, político-a…) no se corresponde con la imagen que proyecta de sí mismo-a en los hechos, simplemente no existe como tal, no es un-a líder ni ejemplo a seguir. Tenemos que alinear lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos, es decir, ser coherentes.
