A los pocos años de nacer, uno de los temas que nuestros progenitores empiezan a organizar es la importante etapa de formación académica de cada uno de nosotros-as, desde los inicios hasta terminar la materia o especialidad que elegimos.
Quienes venimos del mundo de la empresa interiorizamos como algo natural el concepto de mejora continua, entendiendo dicho proceso como un conjunto de acciones dirigidas a obtener la mayor calidad posible de los productos, servicios y procesos.
Los seres humanos vivimos inmersos en una constante competición. Bajo el tan utilizado “quiero lo mejor para mi hijo-a” anulamos muchas veces esa guía de aprendizaje a utilizar en la formación de personas. En los estudios: una por una estudia… si no estudias no serás nada en la vida… olvídate de todo y céntrate en los estudios…
Decía Viktor Frankl, neurólogo, psiquiatra y filósofo austríaco, “Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”.
Llevamos prácticamente dos meses donde la palabra “cambio” ha formado buena parte de nuestro léxico, al no poder salir de casa, tener que hacerlo por causas concretas en tiempos reducidos, modificar algunas cuestiones como la forma de trabajar (teletrabajo), no poder visitar a nuestros familiares… produciendo modificaciones en nuestra propia organización, en los hábitos, horarios, comunicación, gestión emocional…